El Anáhuac y Anáhuac No. 77
Del náhuatl “atl” agua y “náhuac”, junto o en torno, “junto al agua”, es decir, costa o playa. Nombre con el cual se designa al Valle de México y, por extensión, a todo el país. Los aztecas llamaban así a la costa atlántica y, en particular, a la ciudad Anáhuac Xicalanco (en las kícaras), lugar de Campeche que antiguamente era un centro comercial importante y puerta de entrada a la región maya. La región marítima del Pacífico se llamaba Anáhuac Ayotlan (lugar de las tortugas), donde se estableció una guarnición azteca en el pueblo zapoteca de Huaypacac (Oaxaca). Anáhuac se sigue usando en sentido poético para designar al Valle de México.
En lo que corresponde particularmente a nuestra Madre Logia, dice la historia que antiguamente constituida como la MUY RESPETABLE GRAN LOGIA VALLE DE ANÁHUAC, el Muy Respetable Gran Maestro en ese entonces, el V:. H:. Fabio Gerard Zubia decide jurisdiccionarse a la MUY RESPETABLE GRAN LOGIA VALLE DE MÉXICO en el año de 1968, donde a partir de ese momento, toma su nombre actual, siendo en un inicio, la Respetable Logia Simbólica Anáhuac No. 77.
Desde entonces, nuestra Madre Logia es uno de los cuerpos masónicos más reconocidos y respetados dentro de la Jurisdicción. Actualmente, estamos a punto de cumplir 39 años de vida y por su labor dentro de la Orden, se le ha distinguido con los títulos de LEAL, ILUSTRE y BENEMÉRITA a través de los años, lo cual refleja su trabajo constante.
Nuestra Madre Logia, siempre se ha caracterizado por el respeto irrestricto hacia las libertades de cada uno de sus miembros y por externar en todo momento amor a nuestros semejantes; por el respeto sin reservas a los gobiernos masónicos y al de la Nación y por ser un cuerpo masónico siempre dispuesto a trabajar por la Orden en cualquier punto geométrico.
Nuestra historia continúa en firme avance y todos los que hemos nacido en esta, nuestra Madre Logia, comprendemos que nuestra labor no terminará jamás y que continuaremos escribiendo gracias al cariño, a la entrega y al trabajo físico y espiritual que entregamos en todo momento.
La historia de la humanidad relata que las grandes civilizaciones se han establecido al margen de los ríos, habida cuenta de la importancia que reviste el agua para la existencia de la vida. Posteriormente, muchas de esas civilizaciones aprovecharon esos cauces para navegar por ellos, con el fin de descubrir nuevas fronteras, colonizar, desarrollar el comercio y gracias a estas actividades, mantener intercambios culturales, muy importantes.
Al llegar a los océanos y navegar por ellos, el hombre notó con el paso de los siglos y a través del desarrollo de la astronomía que los grandes cuerpos continentales se encontraban a su vez, rodeados de agua y en este sentido, ¿acaso no todo el orbe podría ser digno de llamarse Anáhuac?
El agua siempre ha representado para el hombre, tanto en el mundo profano como en el mundo iniciático, límite, frontera, vida, movimiento, purificación… Nuestros antepasados prehispánicos llevaron los límites del basto imperio hasta las costas y nuestros antepasados hispánicos traspasaron la frontera del agua gracias al desarrollo tecnológico; existe entonces una verdad universal relativa a que el ser humano en su inagotable hambre de conocimiento, siempre ha tendido a traspasar los límites que la naturaleza impone.
El enorme nombre de nuestra Madre Logia nos indica a los que seguimos en el camino, que sus fundadores observaros la grandeza del mundo prehispánico y aspiraron a levantar templos de la magnitud que relatan los códices aztecas y los testimonios de los españoles, consignados principalmente en “La verdadera historia de la Conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo; tomaron justo ese nombre porque así como nuestros antepasados traspasaron las fronteras que les impuso el medio físico y construyeron aún dentro de una laguna todo tipo de viviendas, templos ceremoniales y uno de los centros comerciales más importantes de su tiempo, los HH:. Quienes fundaron Anáhuac No. 77 aspiraron a que todas las personas que tuvieran la fortuna de pasar por estos muros, levantaran a su vez igualmente enormes templos venciendo el medio y los problemas cotidianos; tomaron ese nombre por la grandeza iniciática de los sacerdotes-guerreros que gobernaban el vasto imperio azteca; tomaron ese nombre porque la grandeza de los volcanes, ubicados al oriente, emanan energía hacia los centros ceremoniales; tomaron ese nombre por la elevación del valle de México sobre el resto de los territorios, lo cual otorga una gran visión, porque los profundos valles, se observan mejor desde las alturas.
Es cuanto
Fraternalmente,
V:. M:. Daniel Vega García